ARMIN LÓPEZNEUROCIENCIA · PNI · ESTILO DE VIDA

La rehabilitación neuroinmune: el nuevo paradigma para comprender y tratar eldolor musculoesquelético


Durante gran parte del siglo XX, la rehabilitación musculoesquelética estuvo dominada por
un enfoque centrado casi exclusivamente en los tejidos. Ante la presencia de dolor, la
pregunta principal era: ¿qué estructura está lesionada?. El razonamiento clínico se
enfocaba en identificar el músculo, tendón, ligamento, disco o articulación responsable de
los síntomas y dirigir el tratamiento hacia esa estructura.
Este modelo permitió importantes avances en el manejo de lesiones agudas y continúa
siendo fundamental cuando existe un daño estructural evidente. Sin embargo, con el paso
de los años comenzaron a aparecer preguntas difíciles de responder: ¿por qué muchas
personas presentan dolor intenso con escasas alteraciones estructurales? ¿Por qué otras
muestran importantes cambios degenerativos en imágenes y no sienten dolor? ¿Por qué
algunos pacientes continúan con dolor meses o años después de que el tejido ya debería
haber cicatrizado?
Estas interrogantes impulsaron una evolución en nuestra forma de entender el dolor y la
rehabilitación.
Del modelo biomédico al paciente completo
En 1977, George Engel propuso el modelo biopsicosocial, planteando que las enfermedades
no podían comprenderse únicamente desde la biología, sino también considerando factores
psicológicos y sociales (Engel, 1977). Décadas más tarde, los avances en neurociencia del
dolor reforzaron esta idea, mostrando que el dolor es una experiencia compleja influida por
múltiples sistemas del organismo y por el contexto en que vive cada persona (Melzack,
1999).
Hoy comprendemos que el modelo biomédico sigue siendo indispensable para entender la
lesión y la reparación tisular, pero resulta insuficiente para explicar por sí solo el dolor
persistente.
Como señalaron Nijs y colaboradores (2013), los terapeutas necesitamos comenzar a pensar
más allá de músculos y articulaciones, integrando los factores biológicos, psicológicos y
sociales dentro del razonamiento clínico. Además, las creencias del propio profesional
pueden influir en las expectativas del paciente, su adherencia al tratamiento y sus resultados
funcionales (Nijs et al., 2013).

La pregunta ya no es solamente «¿qué tejido está lesionado?», sino también «¿qué factores
están manteniendo el problema?».
La rehabilitación neuroinmune: una visión integradora
Los avances científicos de los últimos años han permitido comprender que el sistema
nervioso y el sistema inmune mantienen una comunicación constante y bidireccional.
Ambos trabajan de manera coordinada para detectar amenazas, regular la inflamación,
promover la reparación y mantener la homeostasis del organismo (Feenstra et al., 2025).
Esta interacción constituye el denominado eje neuroinmune.
Las neuronas sensoriales no solo transmiten señales hacia el cerebro; también liberan
neuropéptidos capaces de modificar la actividad inmunológica. Del mismo modo, las
células inmunes producen citocinas y otros mediadores que modifican la sensibilidad de las
neuronas periféricas y del sistema nervioso central.
En condiciones normales, esta comunicación permite una adecuada protección y
recuperación del organismo. Sin embargo, cuando la activación del sistema neuroinmune se
mantiene en el tiempo, pueden desarrollarse procesos de sensibilización que perpetúan el
dolor incluso cuando el tejido ha cicatrizado adecuadamente (Feenstra et al., 2025).
La rehabilitación neuroinmune nace precisamente de esta comprensión: el tejido importa,
pero nunca actúa de forma aislada.
El dolor no siempre refleja daño
Uno de los mayores cambios conceptuales de la neurociencia moderna ha sido comprender
que el dolor no constituye una medida directa del daño tisular.
Actualmente se entiende como una respuesta protectora generada por el sistema nervioso
cuando interpreta que existe una amenaza suficiente para el organismo (Moseley & Butler,
2017).
En una lesión aguda, esta respuesta cumple una función adaptativa: limita el movimiento y
favorece la reparación. Sin embargo, en algunos pacientes el sistema continúa funcionando
en «modo protección» mucho después de que los tejidos hayan recuperado su integridad.
Factores como el estrés persistente, la mala calidad del sueño, el sedentarismo, las
experiencias previas, el miedo al movimiento, las creencias negativas y la inflamación
sistémica de bajo grado pueden contribuir a mantener esta respuesta protectora exagerada.

Por ello, comprender el dolor únicamente desde la estructura lesionada deja de ser
suficiente.
Cuando el sistema aprende demasiado
Durante una lesión es normal que las terminaciones nerviosas aumenten temporalmente su
sensibilidad. Este fenómeno, conocido como sensibilización periférica, facilita la
protección del tejido mientras cicatriza.
Sin embargo, si el estímulo persiste o el sistema neuroinmune permanece activado durante
demasiado tiempo, pueden producirse cambios dentro del sistema nervioso central
conocidos como sensibilización central.
En este proceso participan numerosas células inmunes como macrófagos, mastocitos,
neutrófilos, linfocitos y células gliales, que liberan mediadores capaces de aumentar —o
disminuir— la excitabilidad neuronal (Yang et al., 2022).
Lo interesante es que estas mismas células también participan activamente en la resolución
de la inflamación y en la recuperación del tejido. El sistema inmune no es simplemente
«proinflamatorio»; es un sistema dinámico cuyo objetivo final es restaurar el equilibrio
biológico.
Esta visión rompe con la antigua idea de que inflamación significa únicamente daño. Hoy
sabemos que la inflamación es parte del proceso de reparación y que el verdadero problema
aparece cuando los mecanismos reguladores dejan de funcionar de manera eficiente.
El estilo de vida también forma parte del tratamiento
Quizás uno de los cambios más importantes de la rehabilitación moderna consiste en
reconocer que los hábitos cotidianos también son herramientas terapéuticas.
La evidencia disponible muestra que factores como la actividad física, el ejercicio, la
calidad del sueño, el manejo del estrés, la alimentación y el nivel de sedentarismo influyen
directamente sobre el funcionamiento del sistema nervioso y del sistema inmune (Nijs et
al., 2024).
Por ello, la rehabilitación ya no puede limitarse únicamente a ejercicios o terapia manual.
Cada paciente presenta factores perpetuadores diferentes.
Algunos necesitarán mejorar su calidad de sueño.

Otros aprender estrategias para manejar el estrés.
Otros deberán recuperar la confianza para volver a moverse.
Otros modificar hábitos sedentarios o mejorar la calidad de su alimentación.
El tratamiento deja de ser un protocolo estándar para transformarse en una intervención
personalizada, centrada en la persona y no únicamente en el diagnóstico.
Educar también es rehabilitar
Otro de los pilares de este nuevo paradigma es la educación en neurociencia del dolor.
Explicar al paciente cómo funciona el dolor, por qué el cerebro puede aumentar la
sensibilidad, cuál es el papel del sistema inmune y cómo los hábitos influyen sobre estos
procesos permite disminuir el miedo, reducir las creencias erróneas y mejorar la
participación activa en la rehabilitación.
La educación no reemplaza al ejercicio ni a las demás intervenciones, pero prepara al
paciente para comprender su condición y participar de forma más activa en los cambios de
comportamiento necesarios para recuperar su salud (Nijs et al., 2024).
En otras palabras, comprender el problema modifica la forma en que el paciente responde
frente a él.
El nuevo rol del kinesiólogo
Todo este conocimiento también transforma nuestra profesión.
El kinesiólogo continúa siendo experto en movimiento, biomecánica y reparación tisular.
Sin embargo, hoy también necesita comprender neurociencia del dolor, fisiología del estrés,
inmunología, estilos de vida, educación terapéutica y cambio conductual.
Ya no basta con preguntarse qué técnica aplicar.
La pregunta pasa a ser:
¿Qué necesita esta persona para recuperar su función y disminuir el estado de
protección de su sistema neuroinmune?
En algunos pacientes la respuesta será fortalecer.

En otros será dormir mejor.
En otros será recuperar la actividad física.
En otros será disminuir el miedo al movimiento.
Y, muchas veces, será una combinación de todas ellas.
El futuro de la rehabilitación
La rehabilitación neuroinmune no reemplaza a la biomecánica ni niega la importancia del
tejido. Al contrario, las integra dentro de una visión más amplia y coherente con la
evidencia científica actual.
El tejido sigue siendo importante, pero forma parte de un organismo complejo donde el
sistema nervioso, el sistema inmune, los hábitos de vida y el contexto interactúan
permanentemente.
En lugar de preguntarnos únicamente qué estructura duele, comenzamos a preguntarnos
también:
 ¿Cómo está funcionando el sistema neuroinmune?
 ¿Qué factores perpetúan la respuesta protectora?
 ¿Qué hábitos favorecen o dificultan la recuperación?
 ¿Qué barreras impiden que esta persona vuelva a vivir con normalidad?
Responder estas preguntas nos acerca a una rehabilitación más personalizada, más humana
y más efectiva.
Probablemente, el mayor cambio de paradigma de nuestra profesión no haya sido descubrir
una nueva técnica manual o un nuevo ejercicio, sino comprender que la verdadera unidad
de tratamiento ya no es el tejido: es la persona.

Engel, G. L. (1977). The need for a new medical model: A challenge for biomedicine.
Science, 196(4286), 129–136. https://doi.org/10.1126/science.847460
Feenstra, R. A., den Dunnen, W. F. A., & Laman, J. D. (2025). The neuroimmune axis and
chronic pain disorders. iScience. https://doi.org/10.1016/j.isci.2025.114250
Melzack, R. (1999). From the gate to the neuromatrix. Pain Supplement, 6, S121–S126.

Moseley, G. L., & Butler, D. S. (2017). Explain Pain Supercharged. Noigroup
Publications.
Nijs, J., Malfliet, A., Roose, E., Lahousse, A., Van Bogaert, W., Johansson, E., Runge, N.,
Goossens, Z., Labie, C., Bilterys, T., et al. (2024). Personalized multimodal lifestyle
intervention as the best-evidenced treatment for chronic pain: State-of-the-art clinical
perspective. Journal of Clinical Medicine, 13(3), 644. https://doi.org/10.3390/jcm13030644
Nijs, J., Roussel, N., van Wilgen, C. P., Köke, A., & Smeets, R. (2013). Thinking beyond
muscles and joints: Therapists’ and patients’ attitudes and beliefs regarding chronic
musculoskeletal pain are key to applying effective treatment. Manual Therapy, 18(2),
96–102. https://doi.org/10.1016/j.math.2012.11.001
Yang, J.-X., Wang, H.-F., Chen, J.-Z., Li, H.-Y., Hu, J.-C., Yu, A.-A., Wen, J.-J., Chen, S.-
J., Lai, W.-D., Wang, S., Jin, Y., & Yu, J. (2022). Potential neuroimmune interaction in
chronic pain: A review on immune cells in peripheral and central sensitization. Frontiers
in Pain Research, 3, 946846. https://doi.org/10.3389/fpain.2022.946846

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